CICLO DE CINE - DESPUÉS DEL FUTURO

Entrevista con el director Felipe Esparza

(ESP)
Después de disfrutar de Laguna negra de Felipe Esparza ajustada a un formato online durante 24 h, y debatir esta sesión de cine con lxs participantes del seminario DESPUÉS DEL FUTURO: LOS FINES COMO COMIENZOS, charlamos con Felipe Esparza sobre algunas cuestiones de su película.



LL: En la primera sesión del seminario se plantearon dos preguntas como primer acercamiento que nos gustaría que también contestaras, ¿Sientes que estamos ante un posible fin del mundo? ¿Percibes en tu día a día ideas o discursos apocalípticos? Y, si es así, ¿podrías compartir algún ejemplo?

FE: Depende de a qué llamamos fin del mundo: ¿Al final de una vida a la que estamos acostumbrados? ¿La destrucción del planeta o la desaparición de la raza humana? Supongo que dependerá de la cosmología o creencia con la que nos aproximemos.

Es interesante, por ejemplo, la manera de sublimar la muerte en el catolicismo y otras religiones cristianas en donde la segunda venida del Señor siempre es una respuesta posible, como una especie de alivio o castigo. Si pensamos en otras menos utópicas como el Budismo, el alma puede viajar a cuatro estados de la existencia después de la muerte y habría que pasar por un momento de transición durante 49 días para vincularse a otro organismo. Así diferentes ejemplos, todos tratando de interpretar a través de ficciones/mitos, eso no tiene fin. Incluso la racionalidad (como mecanismo de ficción) y la instrumentalización del mundo, que han servido como fuente moderna de configuración de sentido, ha terminado por ser víctima de su propio desarrollo. La destrucción del planeta no nos ha llevado a desarrollar una vida más austera, todo lo contrario.

Hay muchos ejemplos de ideas apocalípticas en el día a día, pero lo más perverso es que el sistema nos ha hecho responsables de la destrucción del planeta. Y no me refiero al sistema como ente abstracto, sino a ese pequeño porcentaje de personas que ha causado todo este desastre. Un ejemplo que me gusta es el del preservacionismo radical. Decidir eliminarse a uno mismo en beneficio del planeta Tierra, la verdad que no es insensato. Eso solo lo he visto en un tipo de ascidia que se adhiere a una roca y se come su cerebro en una especie de acción de reciclaje.



LL: ¿De dónde surge la idea de filmar los espacios y personajes de Laguna Negra?

FE: Viví en diversas partes del Perú debido al trabajo de mi padre: nací en una pequeña ciudad en el norte y siempre escuché sobre chamanes y brujos, de cómo pueden resolver todo tipo de problemas. Desde cosas simples como pasar un huevo a un niño para que deje de llorar, hasta la capacidad de voltear carros a manera de venganza. De estas cosas no se habla en la escuela, pero están ahí y quizás no necesiten ser explicadas.



LL: Nos parece un acercamiento cinematográfico muy especial y sin exotismo a una de las tantas cosmovisiones amerindias, a una manera particular de concebir la vida, la muerte, el tiempo, el fin. ¿Puedes hablar de tu aproximación y convivencia con estos rituales?

FE: Para mí el cine, si es que sirve para algo, sirve para aprender a mirar, a afinar el arte de la mirada que te permite descubrir algo. En ese proceso, uno puede optar por tratar de entender y contar lo que está viendo, lo cuál, desde mi perspectiva, limitaría muchísimo si lo que pretendo es hablar de algo que está debajo de eso anecdótico y que se puede acceder únicamente a través de la emoción y la experiencia del tiempo. Es por eso que me cuesta mucho definir la idea de exotismo, porque el ritual y el misterio deberían, si se le aproxima con respeto, estar al servicio de una transfiguración que transmita una experiencia más profunda, al servicio de la posibilidad de una mirada, en este caso, mi experiencia. Es una penetración, no una consideración.



LL: El tratamiento del sonido en tu filmografía tiene mucho carácter y en Laguna negra por momentos parece que las imágenes están concebidas a través del sonido.

FE: Creo que respecto al sonido me resulta difícil explicarlo, pero puedo afirmar que para mí no es un mero acompañante, es lo que me permite moldear el tiempo. Es como una pulsión que trata de crear una experiencia para no tener que contar la experiencia metafísica.



LL: Sentimos que en la película hay ritos mezclados, entre locales y simbología cristiana, algo que conecta con la propuesta de los autores en el libro. ¿Cómo fue el desafío (si lo fue) de relacionarte con otras realidades híbridas y por momentos contradictorias?

FE: Si lo llamo contradicciones entonces tendría que decir que se oponen, pero yo creo que no, ya que ese sincretismo suma para ese fin mayor de dar sentido. Son nuevas manifestaciones y quizás el punto es que las religiones dominantes tienen ciertas reglas y no aceptan “oscurantismo”. En ese sentido, mi aproximación no trata de revalorizar o visibilizar, para eso hay otras formas cinematográficas que lo podrían hacer mejor.



LL: Háblanos de la conexión y relación del retrato de lo cotidiano con la festividad que desarrollas en la película.

FE: No creo que sean momentos diferentes, es un todo que tiene su punto anecdótico en la festividad o el ritual, pero su efecto más poderoso está, a mi parecer, en cómo eso transforma la vida cotidiana. Por ejemplo, en Huancabamba es de mucho prestigio ser parte de la compañía de danza de Los Diablicos, hay jerarquías y toda una mística grupal, desde la cantidad de plumas que tiene tu traje, hasta la preparación física para soportar tantas horas de baile. Como dije antes, son esas ficciones que nos permiten construir un relato y apoyarnos en ellas.



LL: ¿Tienes algún proyecto que no hayas podido realizar?

FE: Algún día terminaré mi película sobre gatos, estoy tratando de penetrar en ellos y en su tiempo, tan simple como eso, sin antropomorfizarlos. Es un tributo. No es broma.

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