TODAS LAS GRIETAS



2020
Clara Álvarez García

ESP (See English below)


            ‘Algunas grietas se hicieron solas. Otras, debido al estado de perpetua vibración de las moléculas y átomos de cuerpos colindantes.
          Algunas grietas se generaron solas, a veces como una doblez del material: una perturbación en su superficie lo duplica y no tiene más remedio que plegarse. Si me sobra material cambio de forma. Si aumenta mi volumen, disminuye mi densidad.
Si me das calor me rompo; me deshago, porque soy del material que me rodea.

          Algunas destruyeron el objeto; otras, lo multiplicaron.’




          La ruina, acto individual de constatación de la tragedia colectiva, consiste simplemente en romper una forma después de conocer su historia, observarla rota, observar atónitos la grieta (entidad ya sustancial, ya accidental), tal vez cortarnos al intentar tocarla. Sabernos de una escala muy superior a ella porque, si no, no la habríamos sabido generar. Y darnos cuenta de lo grande que es la grieta de la Antártida, que también la hemos hecho nosotros: esa grieta es nuestra, ahí cabemos todos.
            El frío no existe; es un concepto ‘virtual’, lo único que existe es el calor -estado de vibración de las moléculas y los átomos de un cuerpo-, y la ausencia conmensurable del mismo. Sabemos que el agua comienza a congelarse a cero grados centígrados; por debajo de esa temperatura, todo es hielo. Este estado natural del agua y, sobre todo, la posibilidad de fabricarlo, sedujo a las grandes civilizaciones humanas desde el primer momento. Como consecuencia de las nuevas rutas comerciales con Oriente, el uso elitista de este bien material - tan asimilado por todos debido a la maquinaria desarrollada posteriormente para favorecer su industrialización y democratización- fue introducido en Europa como un componente más de lo exótico.
            Antes incluso de que se hubiese llegado a asimilar este nuevo objeto de deseo, nace a principios del S.XX una extravagante iniciativa: el comercio internacional del hielo. Este nuevo negocio fundamentado en el transporte y fraccionamiento de grandes bloques de agua congelada, iniciaba un desplazamiento de la naturaleza sin precedentes. En 1850, el hielo -un continente en sí mismo-, ya había viajado a todos los continentes conocidos hasta el momento, consolidándose como material de consumo moderno. Paralelamente, un objeto de deseo aún mayor obligaba a las naciones más poderosas a emprender costosas empresas con el fin de realizar exploraciones sistemáticas del inédito territorio antártico. Con la reclamación de la soberanía de la Antártida, el único lugar todavía desconocido e inhabitado del planeta, el hielo se convirtió en material político. Las fronteras geopolíticas (en adelante grietas) que dividen la Antártida, la fraccionan de forma invisible y radial, siendo sus países protagonistas en gran parte los mismos que controlaron los extensos Imperios Coloniales de Asia y África en el S.XX. Todas las grietas del único continente radial tienen acceso al océano y al Polo Sur, pero de nada sirve imponer divisiones a un material en movimiento y potencialmente cambiante.
            El ser humano logró atravesar la Antártida con la ilusión -colonialista- de descubrir el último rincón inexplotado del planeta. Sin embargo, la naturaleza ya no existía como algo virgen, inerte y diferenciado de la humanidad. El único lugar inhabitable de la tierra, que no pertenece a nadie, también opera en lo post-natural: las partículas liberadas en la Revolución Industrial han pasado a formar parte de las nuevas capas geológicas de este continente. Por su materialidad, la Antártida se ha convertido en un importante transmisor de datos, ya que las burbujas de aire encapsulado en el hielo contiene el registro de emisiones naturales y antropogénicas del pasado. A través de la historia del hielo se puede construir la historia de la atmósfera. Así, el hielo se ha convertido en un material informado. Se trata de una re-territorialización de la materia por causas políticas y agentes económicos, a través de materiales que el paisaje absorbe. Ese hielo tóxico es una materialidad que se ha creado a nuestro paso, el aire encapsulado es nuestro fósil. Se trata de un sistema natural que encapsula los materiales que le rodean y genera cambios en el paisaje.
            En este momento una grieta de más de 130km de longitud recorre y rasga la plataforma de hielo de Brunt. Cuando ésta colisione con otra grieta perpendicular existente, se desprenderá un gran iceberg de más de 1.700km2, el doble del tamaño de la ciudad de Nueva York, que quedará a la deriva rodeado de agua. De manera modesta, casi anecdótica, el vocabulario de la grieta se ha impuesto en nuestra concepción de todo un continente. Material que une y separa, esa grieta kilométrica también es territorio, y es nuestra.

ENG


          Some of the cracks have made themselves. Others, due to the state of perpetual vibration of the molecules and atoms of adjacent bodies.           Some cracks generated themselves, sometimes as a folding of the material: a disturbance on its surface duplicates it and it has no choice but to fold. If I have too much material I change shape. If I increase my volume, my density decreases. If you give me heat I break; I get rid of it, because I am of the material around me.           Some destroyed the object; others multiplied it.'
            Ruin, an individual act of verification of the collective tragedy, consists simply of breaking a form after knowing its history. We observe it broken, in astonishment of the the crack (already substantial entity, already accidental), perhaps cutting ourselves when trying to touch it. To know ourselves on a much larger scale than that because, otherwise, we would not have known how to generate it. And to realise how big the crack in Antarctica is, which we have also made ourselves: that crack is ours, there is room for all of us.
            Cold does not exist; it is a 'virtual' concept, the only thing that exists is heat - the state of vibration of the molecules and atoms of a body - and the commensurable absence of it. We know that water begins to freeze at zero degrees centigrade; below that temperature, everything is ice. This natural state of water and, above all, the possibility of manufacturing it, seduced the great human civilizations from the first moment. As a consequence of the new commercial routes with the East, the elitist use of this material good - so assimilated by all due to the machinery developed later to favour its industrialisation and democratisation - was introduced in Europe as another component of the exotic.
            Even before this new object of desire had been assimilated, an extravagant initiative was born at the beginning of the 20th century: the international trade in ice. This new business, based on the transport and fractionation of large blocks of frozen water, initiated an unprecedented movement of nature. In 1850, ice -a continent in itself-, had already traveled to all the continents known so far, consolidating itself as a modern consumption material. At the same time, an even greater object of desire was forcing the most powerful nations to undertake costly undertakings in order to carry out systematic explorations of the unprecedented Antarctic territory. With the claim of the sovereignty of Antarctica, the only still unknown and uninhabited place on the planet, ice became political material. The geopolitical borders (hereinafter referred to as cracks) that divide Antarctica, split it up in an invisible and radial way, being its countries the same ones that controlled the extensive Colonial Empires of Asia and Africa in the 20th century. All the cracks in the only radial continent have access to the ocean and the South Pole, but it is useless to impose divisions on a material that is moving and potentially changing.
            The human being managed to cross the Antarctic with the -colonialist- illusion of discovering the last unexploited corner of the planet. However, nature no longer existed as something virgin, inert and differentiated from humanity. The only uninhabitable place on earth, which belongs to no one, also operates in the post-natural: the particles released in the Industrial Revolution have become part of the new geological layers of this continent. Because of its materiality, Antarctica has become an important data carrier, as the air bubbles encapsulated in the ice contain the record of natural and anthropogenic emissions of the past. Through the history of the ice, the history of the atmosphere can be constructed. Thus, ice has become an informed material. It is a re-territorialization of the matter by political causes and economic agents, through materials that the landscape absorbs. That toxic ice is a materiality that has been created in our path, the encapsulated air is our fossil. It is a natural system that encapsulates the materials that surround it and generates changes in the landscape.
            At this moment a crack of more than 130km long runs through and tears the Brunt ice shelf. When it collides with an existing perpendicular crack, a large iceberg of more than 1,700 km2, twice the size of New York City, will drift away surrounded by water. In a modest, almost anecdotal way, the vocabulary of the rift has imposed itself on our conception of a whole continent. Material that joins and separates, that mile-long crack is also territory, and it is ours. 

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